Filtros solares físicos y químicos. Diferencia.

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A la hora de decidir por qué protector solar decantarnos y, a pesar de las numerosas campañas de concienciación que existen, lo más frecuente suele ser buscar el que más se adecúe al tándem tono de piel/economía, sin prestar atención al tipo de filtro que nos va a proporcionar. Pero, ¿de qué tipo de protección se trata?

Los protectores solares pueden ser: filtros físicos o filtros químicos.

Los filtros químicos, una vez que los aplicamos, además de protegernos de los impactos de los rayos UV, son absorbidos por la piel actuando en su capa más interna. Este tipo de filtros captan la energía solar convirtiéndola en inocua para la piel, es decir, transforman la radiación UV en calor. Son los más utilizados ya que, desde el punto de vista cosmético, resultan más agradables. A tener en cuenta con este tipo de filtros es que en caso de pieles reactivas o con especial sensibilidad pueden llegar a provocar algún tipo de alergia.

Los filtros físicos actúan a modo de pantalla, reflejando la luz, actuando como capa protectora superficial protegiéndonos de los rayos UV. Con este tipo de filtros las radiaciones solares se dispersan sin llegar a intervenir en la biología de la piel. Desde el punto de vista cosmético, suelen presentarse en texturas espesas, dejando la piel con un tono blanquecino. Éstos son los filtros recomendados en el caso de tener la piel sensible o con tendencia a padecer dermatitis.

Es importante tener en cuenta que, en el caso de bebés menores de tres años, se recomienda utilizar protector solar con filtros físicos. De ahí en adelante, la combinación de ambos filtros es idónea ya que los filtros químicos que se ofrecen en las farmacias son totalmente seguros y han superado los correspondientes controles de calidad.

 

 

 

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