Grasas Vegetales en Nuestra Dieta. Aceite de Palma y Aceite de Oliva.

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La grasa es un macronutriente que aporta gran cantidad de energía y debido a ello debe suponer el 30 – 35% de las kcal totales diarias de nuestra dieta. Pero no solo es importante la cantidad de grasa consumida sino su calidad, que hace referencia al tipo de ácido graso que lo forma y su naturaleza, es decir, la materia prima de la que proviene. Tanto la cantidad como la calidad son importantes para conseguir una dieta saludable. En este sentido, se encuentran las grasas vegetales procedentes de semillas oleaginosas como son las semillas de girasol, semillas de palma o la manteca de coco, entre otras, y las obtenidas a partir de frutos como la oliva.

Tomando como ejemplo el aceite de palma, éste se utiliza ampliamente en la elaboración de productos de bollería, pastelería, alimentos procesados, chocolatinas, aperitivos y snack envasados, etc. En concreto, es muy apropiado para la elaboración de productos untuosos por la cantidad de grasas saturadas que contiene, además se enrancia más tarde que otros aceites, soporta temperaturas más elevadas de frituras, sirve como sustituto de la mantequilla y su precio en el mercado es más barato. Sin embargo, el principal daño para la salud es precisamente su alto contenido en grasas saturadas y su capacidad para aumentar los niveles de colesterol LDL (colesterol malo) en sangre contribuyendo a deteriorar nuestra salud cardiovascular. Por todo ello, es importante que el consumo de productos que contengan este tipo de grasa sea lo menor posible. Además, habrá que tener especial atención en el etiquetado del producto porque en muchos de ellos el aceite de palma aparece oculto bajo nombres de lo más diverso como aceite de palmiste, grasa vegetal (palma), grasa vegetal fraccionada o hidrogenada de palmiste, pero todas ellas hacen referencia al mismo producto y es el aceite de palma. Cabe mencionar también a las grasas hidrogenadas o grasas trans, siendo la más conocida la margarina. Su influencia sobre los niveles de colesterol es similar a la de los ácidos grasos saturados, es decir, los eleva. Por otro lado, se desconoce si además podrían llegar a tener otros efectos indeseables no conocidos hasta ahora.

En el lado opuesto se encuentran las grasas vegetales obtenidas a partir de frutos como la oliva del que se obtiene el aceite de oliva. La composición de su grasa es la más parecida a la grasa de la leche materna, que es el alimento por excelencia. Además, para su obtención no se emplean procesos de refinado por lo que lo hacen especialmente idóneo para ser consumido en crudo, en concreto el aceite de oliva virgen extra. Posee un altísimo contenido de ácidos grasos monoinsaturados, hecho por el cual hace que hoy día sea considerado como la grasa vegetal más saludable por sus múltiples beneficios cardiovasculares. Además, se le adjudican otras propiedades como son la mejora de la digestión y la absorción de grasas, favorece la calcificación de los huesos, ejerce efectos positivos en enfermos diabéticos, mejora el perfil lipídico (disminuye el colesterol en sangre) y posee un efecto protector sobre la piel.

En la siguiente tabla se muestra la composición de ácidos grasos en varios tipos de aceites vegetales:

Componentes Composición por 100 gramos de porción comestible
Aceite de oliva virgen extra Aceite de girasol Aceite de palma Aceite de coco
Energía (Kcal) 888 887 888 888
Grasas (lípidos totales) 100 g 99,9 g 100 g 100 g
Ácidos grasos monoinsaturados totales 78,2 g 25,38 g 41,15 g 4,96 g
Ácidos grasos poliinsaturados totales 7,5 g 63,5 g 10,35 g 0,77 g
Ácidos grasos saturados totales 14,21 g 10,62 g 49,44 g 84,31

 

Johanna Botín. Nutricionista de Esencia de Salud.

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