El tratamiento de la pediculosis capilar

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La pediculosis capilar es una infestación cutánea de elevada prevalencia, producida por el piojo, parásito exclusivo del ser humano.

Esta pediculosis es la más frecuente en la edad escolar y afecta con preferencia al sexo femenino, independientemente del nivel sociocultural y económico, pudiendo afirmarse que todas las clases sociales pueden verse afectadas por la misma. Se transmite principalmente por contacto directo y en principio, su transmisión no parece estar relacionada con las condiciones higiénicas, por lo que no debería de constituir un motivo de vergüenza para las personas afectadas o sus progenitores.

La sintomatología de la pediculosis capilar es habitualmente benigna y raramente se asocia a complicaciones o constituye un vector de transmisión de otras enfermedades o infecciones. Su diagnóstico se confirma identificando la presencia de piojos adultos. La presencia de liendres y/o larvas representa un indicio o sospecha de infestación, pero no constituye una confirmación del diagnóstico, ni representa un riesgo seguro de infestación.

Básicamente, existen tres formas de tratamiento: la eliminación mecánica, los agentes pediculicidas (insecticidas tópicos) y los preparados con dimeticona. No hay evidencias consistentes que muestren la superioridad de ninguno de ellos frente al resto.

  • La eliminación de los piojos y liendres por medios mecánicos (manual o cepillado con “lendrera”), que constituye un elemento esencial al tratamiento pediculicida, tanto para acabar con la infestación, como para prevenir el contagio; pero no se considera como tratamiento de primera elección, al presentar una eficacia inferior a la de los pediculicidas tópicos.
  • Los insecticidas tópicos (agentes pediculicidas), que actúan sobre el piojo por un mecanismo neurotóxico y que han mostrado su eficacia frente al piojo adulto y, en menor o mayor grado a las liendres, aunque ninguno posee una capacidad ovicida completa, lo que hace necesario repetir su administración, en función del ciclo vital del insecto.

Los tratamientos pediculicidas no deben aplicarse de forma preventiva, ni en pacientes con sospecha de infestación sino, exclusivamente, tras la confirmación del diagnóstico, con la presencia de piojos adultos vivos. Además, están contraindicados en los menores de seis meses.
En los últimos años se ha producido un aumento del desarrollo de resistencias a los mismos.

  • Los preparados con dimeticona, de incorporación relativamente reciente al tratamiento de la pediculosis capilar, que no presentan actividad insecticida sino que actúan por un mecanismo físico, lo cual hace improbable el desarrollo de resistencias.

Las formulaciones de silicona se presentan en forma de lociones, que suelen incluir una silicona activa no volátil (dimeticona), en un vehículo de silicona volátil (ciclometicona) que se evapora dejando como residuo la dimeticona. Ésta, no se absorbe a través de la piel, siendo los principales efectos adversos como pediculicida la aparición del picor y/o irritación del cuero cabelludo.

Estos agentes han mostrado su eficacia y tolerabilidad en el tratamiento de la pediculosis capilar, pero carecen de actividad ovicida y no se dispone de información sobre su uso a largo plazo.

Si con esta “vuelta al cole” los piojos entran en tu casa, consulta a tu farmacéutico que te ayudará a determinar el tratamiento más eficaz.

Fuente: Revista Farmanova nº 22 (Cadime: Centro Andaluz de Documentación e Información de Medicamentos)